Una arraigada costumbre católica en México consiste en preparar un altar dedicado a la Virgen de los Dolores el viernes previo a la Semana Santa, como expresión de acompañamiento a María en su sufrimiento durante la Pasión de Cristo. Para conocer los detalles de esta devoción, un sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México explicó los elementos simbólicos y el significado de la tradición.
Elementos esenciales del altar
El padre José de Jesús Aguilar indicó que el componente principal es una imagen mariana bajo alguna advocación dolorosa, como la Virgen de los Dolores o la Soledad. Otros elementos característicos incluyen naranjas agrias con siete banderas, que simbolizan los dolores de María y el sentimiento amargo de la muerte de Jesús. También se emplea papel picado en colores morado o blanco, representando el luto y la pureza.
Según el sacerdote, es común sembrar cereales con anticipación al Viernes Santo, cuyo crecimiento alude a la vida nueva que trae la Resurrección. Las flores, ya sean naturales o de papel, expresan la tristeza de la Virgen. Las uvas hacen referencia a la sangre de Cristo en la Eucaristía, mientras que ofrecer aguas de sabor o paletas de hielo a los visitantes simboliza la dulzura del corazón de María.
Una práctica familiar con profundo significado
Esta tradición suele convertirse en un acto familiar que fortalece los vínculos y ofrece un espacio para reflexionar sobre los dolores propios. El padre Aguilar subrayó que, al igual que el árbol de Navidad, el altar puede unir a la familia y generar conciencia sobre las dificultades que atraviesa, como una pérdida, una enfermedad o el desempleo, ofreciendo estos sufrimientos de manera conjunta.
“Ayuda a acercarnos a la Virgen María y a valorar su ejemplo, que mantuvo siempre una fe, una esperanza, en los momentos alegres, pero también en los momentos de dolor”, explicó el sacerdote.
Una familia de San Miguel de Allende, Guanajuato, mantiene viva esta costumbre desde hace años. Alejandro Luna, quien ahora dirige la elaboración del altar, relató que comenzó esta práctica en su infancia, por iniciativa de su madre, y con el tiempo pasó de ser una expresión privada a una pública. Su altar incluye plantas como manzanilla, mastranto e hinojo, además de azucenas y el obsequio típico de nieve o paletas a los visitantes.
El sentido espiritual del dolor compartido
El padre Aguilar recordó que el dolor es parte de la existencia humana, pero que puede vivirse de mejor manera al unirlo a la cruz de Cristo para encontrarle un sentido. El altar se presenta así como un medio para tomar conciencia de los dolores familiares y para ofrecerlos juntos, tomados de la mano de Dios.















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