La liberación de Mónica del Rosario Zambada, hija del histórico líder del Cártel de Sinaloa Ismael “El Mayo” Zambada, constituyó el episodio de mayor riesgo hasta ahora para la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, según fuentes de inteligencia. La decisión se tomó tras descubrir que su captura era una trampa que, de haberse concretado, hubiera desencadenado un ataque masivo contra población inocente en la zona.
Desacuerdo en el gabinete de seguridad
La detención ocurrió el miércoles en Álamo, dentro de la sindicatura de El Salado, un lugar considerado santuario familiar, y no el jueves como se había difundido inicialmente. Las fuerzas especiales de la Marina realizaron el operativo con el objetivo aparente de capturar a su esposo, Marco Antonio Zazueta Osuna, “El Zazuetón”, un correo de la organización, pero terminaron deteniendo a ella y a un menor. Inicialmente, hubo un fuerte desacuerdo dentro del gobierno sobre cómo proceder.
La información que condujo al operativo fue proporcionada a la Marina por René Bastidas, “El 00”, un narcotraficante detenido el año pasado. Sin embargo, las fuentes indican que Bastidas omitió que el objetivo real no se encontraba en el lugar, tendiendo así una trampa a las fuerzas castrenses.
Fundamentos para la liberación
El viernes, el titular de la Secretaría de Seguridad, García Harfuch, aclaró que la señora Zambada “nunca fue detenida”, sino que estuvo bajo custodia temporal para verificar la existencia de órdenes judiciales en su contra. En México no enfrenta procesos y, aunque en Estados Unidos fue notificada por el Departamento del Tesoro en 2007 por su vinculación con dos empresas del cártel, esto no genera automáticamente una investigación del Departamento de Justicia.
Según la información, la Marina pretendía mantenerla detenida, pero la Secretaría de la Defensa Nacional se interpuso. Los marinos buscaban un golpe de efecto para reconstruir su credibilidad, afectada por problemas de corrupción e impunidad, y habían recibido información de “los chapitos” (hijos de “El Chapo” Guzmán) para atacar a sus rivales, los “mayos”.
Intervención de inteligencia estadounidense y riesgo de masacre
En el gabinete de seguridad, los militares argumentaron para su liberación la ilegalidad de la operación, al carecer de órdenes de aprehensión, y el riesgo de desestabilización y violencia. Finalmente, prevaleció el argumento de la inestabilidad, respaldado por información de agencias de inteligencia de Estados Unidos compartida con el gobierno mexicano.
Dichas agencias habían interceptado transmisiones por radio en la frecuencia UHF donde Iván Archivaldo Guzmán ordenaba a jefes de sicarios prepararse para atacar a personas inocentes en la zona. El objetivo era provocar una matanza y atribuirla a la facción de “El Mayo” Zambada, como represalia por la detención de su hija, una estrategia ya utilizada durante las elecciones federales de 2021.
Consecuencias políticas y dudas persistentes
La combinación de análisis de riesgo y la inteligencia estadounidense ayudó al gabinete a decidir no detenerla, siendo finalmente protegida y liberada por elementos de la Secretaría de Seguridad, conocidos como “los harfuchos”. Una fuente señaló que, de haberse caído en la trampa, no solo el gabinete se hubiera visto afectado, sino que habría significado un duro golpe para la presidenta Sheinbaum.
Persiste la duda entre las fuentes sobre si la acción planeada por “los chapitos” fue unilateral para tensionar la plaza de sus rivales, o si contó con comunicación o autorización de círculos políticos en la Ciudad de México, similar a lo ocurrido con el asesinato del exalcalde Carlos Manzo.
El repliegue de la Marina no se considera una derrota para ellos ni una victoria para otras dependencias, sino una señal positiva de que, pese a las diferencias entre los secretarios, prevaleció el bien mayor. No obstante, también confirma la existencia de traiciones y maniobras para desestabilizar al gobierno de Sheinbaum, donde el nivel de violencia planeada ahora incluye matanzas de civiles.














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