El hallazgo y decomiso de ponchallantas en operativos de seguridad ha crecido significativamente en los últimos años, al tiempo que su venta en plataformas digitales se ha vuelto más común, con precios que van desde 229 hasta más de 42 mil pesos. Estos artefactos, también conocidos como pinchos hechizos, están diseñados para reventar neumáticos y son utilizados por grupos delictivos para dificultar persecuciones o facilitar asaltos.
Descomunales cifras de decomiso
Según datos oficiales obtenidos por vía de transparencia, entre el 1 de enero de 2019 y el 8 de enero de 2026, el Ejército y la Guardia Nacional han asegurado 36 mil 899 ponchallantas en todo el país. El año con mayor número de incautaciones fue 2025, con 16 mil 875 unidades. En años previos, las cifras fueron: 305 en 2019, mil 848 en 2020, 2 mil 958 en 2021, 2 mil 48 en 2022, 5 mil 779 en 2023 y 6 mil 690 en 2024. Durante los primeros días de 2026, ya se habían decomisado 396.
En varios operativos, estos objetos han sido encontrados junto con armamento pesado. Por ejemplo, en abril de 2025, en La Piedrera, Sinaloa, militares aseguraron vehículos con ametralladoras calibre .50, armas de diversos tipos y 88 ponchallantas. Unos meses después, en septiembre de 2025, durante un operativo en el mismo estado, fueron detenidas 10 personas —incluido un menor— con armas largas y cortas, cargadores, cartuchos y un número no especificado de ponchallantas.
Una amenaza en expansión
El especialista en política pública y seguridad vial, Víctor Alvarado Ángeles, advierte que la disponibilidad de estos dispositivos en internet representa una normalización de herramientas delictivas.
“Genera inmovilización súbita en vías rápidas… Produce siniestros secundarios, colapsa los flujos vehiculares estratégicos. Esto los convierte en un dispositivo de interrupción de infraestructura vial”
, señaló. Además, destacó que su venta sin restricciones evidencia un vacío regulatorio en materia de control de objetos diseñados para causar daño.
Alvarado propone revisar la tipificación legal para sancionar no solo su uso, sino también su fabricación, comercialización y posesión con fines de obstrucción. Asimismo, sugiere coordinarse con plataformas digitales para eliminar anuncios y rastrear vendedores.
Riesgos viales y recomendaciones
Miguel Guzmán Negrete, director de Pisvi Mobility, enfatiza que los ponchallantas representan un riesgo directo para la seguridad vial.
“Estos artefactos pueden generar pérdida de control del vehículo. Evidentemente, por los materiales con los que están construidos, son elementos punzocortantes que suelen tener afectación directa en el neumático y se pierde la presión de las llantas”
, explicó. En casos extremos, esto puede derivar en choques, volcaduras, lesiones o muertes.
El consultor recomienda a los conductores mantener las dos manos en el volante, guardar distancia entre vehículos y, en caso de pinchar una llanta, dirigir el auto hacia el costado derecho de la carretera para evitar bloquear carriles de alta velocidad.
Legislación desigual en los estados
Pese al aumento en su uso delictivo, pocos congresos estatales han legislado en contra de los ponchallantas. En junio de 2025, Baja California los clasificó como armas prohibidas. Un mes antes, Sinaloa reformó su Código Penal para sancionar su uso y posesión con penas de tres a diez años de prisión, en un contexto de enfrentamientos entre Los Chapitos y La Mayiza.
En Puebla, desde junio de 2025 se analiza una iniciativa para castigar su uso con hasta ocho años de cárcel, argumentando su empleo frecuente en carreteras clave del estado. San Luis Potosí ya tipificó en 2023 como delito colocar objetos como abrojos o ponchallantas en vías públicas. Por su parte, Tamaulipas ha estado evaluando iniciativas desde diciembre de 2025 para prohibir su portación.
Para Juan Carlos Montero Bagatella, doctor en política pública, fabricar estos artefactos es sencillo:
“Es equivalente a la venta de armas, como el gas pimienta o los táser, armas de electrochoque, que son ilegales, pero se consiguen con relativa facilidad”
. Agrega que se construyen con varilla de media pulgada, unidas en forma de cruz, y pueden producirse en cualquier taller de herrería.











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