Análisis señala declive en eficacia de comunicación gubernamental ante percepción ciudadana

Un análisis reciente señala que las estrategias de comunicación del gobierno federal están perdiendo efectividad para influir en la percepción pública, lo que se evidenció con una caída en los índices de aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum pese a eventos recientes de seguridad.

Desfase entre narrativa oficial y realidad

La publicación menciona que la percepción de inseguridad aumentó significativamente, según una encuesta, contradiciendo los reportes oficiales que señalan mejoras. El texto indica que los mensajes gubernamentales están siendo vistos cada vez más como intentos de manipulación, especialmente en temas sensibles como las desapariciones forzadas y el desempeño económico.

Se ejemplifica esta situación con el caso de las desapariciones, donde se acusa al gobierno de reacomodar cifras para modificar la realidad del fenómeno, y con la economía, donde los indicadores negativos aumentan a pesar del discurso oficial optimista.

Respuestas oficiales y pérdida de credibilidad

El análisis describe que la respuesta de la presidenta ante críticas, como las de un comité de la ONU sobre desapariciones, ha sido acusar al organismo de tener motivaciones políticas, una estrategia que, según el autor, ya no genera la misma preocupación o incomodidad que antes. Recurrir a figuras del pasado para señalar culpables se está convirtiendo en un recurso percibido como ineficaz.

Se citan otros episodios que, a juicio del análisis, dañaron la credibilidad de la comunicación oficial: la explicación inicial sobre un derrame de petróleo que luego cambió, y la exhibición de playas turísticas durante Semana Santa para intentar contrarrestar reportes de contaminación, la cual ya había llegado a costas de Estados Unidos.

Cambios en el equipo y estrategias de comunicación

El texto sostiene que la figura presidencial en las conferencias matutinas enfrenta nuevos desafíos, ya que Sheinbaum carecería, según esta perspectiva, de la misma formación política y capacidad histriónica de su predecesor para manejar las crisis mediáticas. La excesiva exposición, lejos de generar inmunidad, estaría revelando nerviosismo.

Se menciona una crisis interna en el equipo de comunicación de la presidencia, destacando un incidente donde el coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, habría dado información incorrecta sobre una fotografía viral, desatando una campaña masiva para desacreditarla. La oficina encargada de redes sociales de la mandataria también fue señalada por presumiblemente generar contenido con inteligencia artificial.

Intereses divergentes y estrategias en deterioro

El análisis apunta que algunos aliados comunicacionales del gobierno, descritos como “caballos de Troya” en los medios, están siendo afectados por las contradicciones del régimen. Además, señala que figuras prominentes dentro de este esquema estarían más enfocados en proyectos personales, como campañas políticas o la expansión de negocios en Estados Unidos, que en la agenda presidencial.

Se menciona específicamente a Iván Silva y su empresa Heurística, acusado de manejar empresas demoscópicas que maquillan encuestas para mostrar niveles de aprobación superiores al 80%, una estrategia que se describe como en deterioro. Finalmente, se concluye que la propaganda oficial ya no marca la agenda pública, sino que reacciona a contra-narrativas virales y periodismo de investigación, una señal clara, según el autor, de una pérdida en el control narrativo y en la capacidad de moldear percepciones.

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